«Tú dale, que seguro que ella no la coge»

Soy un hombre, blanco, heterosexual. He nacido inmerso en privilegios. Así las cosas, a la hora de hablar de machismo en el surf, sería muy fácil caer en el mansplaining, algo que detestaría. Prefiero que hablen ellas. Aquí cinco surfistas nos hablan de sus experiencias con el sexismo en el mundo del surf, en el agua y fuera de ella. Por razones de espacio, he excluido a mucha gente: sería fácil publicar un post como este con el skate, con el snowboard o con virtualmente cualquier deporte. También me he ceñido a surfistas del Mediterráneo, que es el ámbito en el que se mueve este blog cuando no se dedica ni a mitificar los 70 ni a poner a parir la WSL. Dicho esto, lo importante viene a continuación.

SURFISTAS, SOCORRISTAS Y BAÑISTAS

Se acerca ya el verano. La temporada “buena” de surf ha llegado a su fin. Sin ir más lejos, la mejor olita que he pillado hoy apenas me llegaba a la cintura. Pero, por suerte y por desgracia a la vez, incluso en verano habrá días con olitas, y con ellos llegará el debate de siempre. Que si los socorristas no nos dejan, que si los bañistas se quejan, que si nos invaden. Porque ese es el sentimiento de los surfistas mediterráneos en verano: que nos invaden. Invaden nuestro campo de juego.

Analicemos un poco esta sensación, porque creo que se puede sacar bastante de ella.

THE SHAPE OF SURFING TO COME

No deja de sorprenderme que precisamente en un mundo en el que se habla con admiración de la gran ola de Greg Noll en el 69, en el que se venera a San Miki Dora, en el que el epoxi pasará de opción apenas aceptada a historia de un fracaso (cuando volvamos, por fin, a los materiales ecológicos) y en el que se idealiza un cacharro como la VW minibus, el futuro tenga aspecto y fondo tremendamente interesantes. Veamos unos cuantos ejemplos de lo que (posiblemente) nos depare el futuro.

Fear and the surfer

The only thing we have to fear is…fear itself.
F. D. Roosevelt

No solemos hablar muy a menudo de ello, pero está ahí. Todos hemos sentido miedo alguna vez en el agua, y el que lo niegue, miente o no ha surfeado nunca más de medio metro. Algunos de nosotros hemos tenido sustos; algunos tenemos amigos o conocidos que han muerto en el agua. Incluso en días pequeños, el peligro está ahí: el mar no es nuestro elemento natural, y al meternos en él, aunque solo sea unas decenas de metros, aceptamos ciertos riesgos.

SINGLEFINEANDO (2)

En la última entrada hice un repaso breve de los mitos en torno a las tablas singlefin y de las realidades que yo había vivido surfeándolas. Esta segunda parte del post es un poquillo más técnica, pero es un batiburrillo de las cosillas que he ido aprendiendo estos años. Todo lo que viene a continuación hay que pasarlo por varios filtros: ni conozco todos los tipos de singlefin que hay, ni soy tan buen surfer como para poner la mano en el fuego al 100% sobre todo: son solo mis sensaciones y lo que he podido observar. Que eso lo hago mucho: mirar cómo surfean los demás. Un buen modo de aprender.

SINGLEFINEANDO (1)

Surfeé mis primeros 7 años con tablas de tres quillas, siempre dentro del rango medio/corto. El día, hace 6 años, que probé por primera vez una singlefin, mi visión del surf cambió por completo. Desde entonces me he vendido todas las tablas de tres quillas y mi quiver se limita a dos tablas singlefin: una round pintail 6,8 para los días tochos y una stinger de 6,5 para todos los demás.

A lo largo de todo este tiempo me han hecho montones de preguntas en el agua o en los parkings, y todo Dios ha venido a aportar su pequeño granito de sabiduría, casi siempre con la mejor intención, y casi siempre en contradicción con lo que yo experimentaba en el agua. Al final he sido capaz de elaborar un pequeño catálogo de mitos y realidades del surf en tablas cortas singlefin. La mayoría de afirmaciones que dejo bajo el epígrafe “REALIDAD” las he comprobado por mí mismo. Puedo equivocarme, evidentemente, pero esto es lo que he vivido.

La Revolución es Feminista

Yo ya me estaba desesperando. Veréis, la semana pasada no hubo post porque hubo olas. Vale, sí. Pero también porque no tenía ideas. Tengo un post a medio fabricar acerca de mitos y realidades de las singlefin, pero cuando me iba a poner en harina, el amigo Alec me hizo probar su Wombat y decidí que tenía que incluir eso también en el post, y para eso necesito darle caña un par de veces más en condiciones. Tengo otro post a medio escribir, acerca del valor del juego como derecho humano universal, pero nunca encuentro el momento de ponerme a releer a Graeber para articularlo bien. Soy un vago. Pero entonces llegó el 8-M y se me encendió la bombilla: hay que ser muy gilipollas para no hablar de esto, ahora. Y mañana. Y pasado.