GERRY LOPEZ: LA LEYENDA

Aunque en este blog soy bastante dado a mitificar a gañanes problemáticos y chungos, como el amigo Mike Hynson, hoy quiero hablar de un tipo que es sinónimo de leyenda y que muchos, incluso, siguen considerando como el mejor surfista de todos los tiempos. No sé si se puede establecer un ranking de surfistas (tiendo a pensar que a los niveles en que se mueven estos tipos es más bien imposible) pero si lo hubiera, Gerry Lopez sería un buen candidato a lo más alto de ese podio.

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Gerry Lopez fue el último gran surfista de la era singlefin. El último de la era del surf “posicional”, en la que se valoraba más la elegancia y el saber colocarse en el bolsillo de la ola. Tras él llegarían los primeros surfistas (aún en single) del surf “radical” o de maniobras: Buttons Kaluhiokalani, Shaun Tomson o Pete Townend, y coincidirían (y se solaparían) con los surfistas “bisagra” entre la era single y la era multifin, gente como Larry Bertlemann y, sobre todo, Mark Richards. Pero ser el último de una época no es la razón principal de su fama. Su estilo, gracia y elegancia lo son.

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Mark Richards rompiéndolo en una twin fin

Gerry coincidió en tiempo y en espacio con otro superdotado, otro de esos tipos míticos. Mozart tuvo a Salieri; Shakespeare, a Marlowe, y Lopez tuvo a Terry Fitzgerald, el Sultán de la Velocidad. Pero había algo que decantaba la balanza a favor de Lopez. Si miras las mejores filmaciones de Fitzgerald, verás velocidad, mucha velocidad, y un excelente posicionamiento. Incluso, adelantándose un poco a lo que vendría después, un incesante subir y bajar por la pared de la ola.

Pero no verás la elegancia de Gerry.

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Ese soul arch, como si estuviera pensando en pillarse una pizza.

No es que Terry Fitzgerald no fuera elegante. Es que por su propio estilo agresivo y rápido parecía estar en guerra con la ola, correr una carrera contra ella. Gerry, por el contrario, se fundía con ella. Y eso se notaba de una manera espectacular en las películas: Lopez se bajaba Pipeline con la seguridad y confianza de quien pasea por su casa; llegaba a la transición y justo allí, donde todos los demás descomprimían su cuerpo como un muelle para iniciar un bottom turn tan potente como les permitiera la tabla, Gerry se marcaba con toda tranquilidad un soul arch que parecía eterno antes de proseguir por la pared. Parecía que Gerry y Pipeline se quisieran. Incluso, en alguna entrevista, Gerry hablaba de Pipe como de su amante.

Es importante esto último, porque Gerry siempre se ha sabido vender muy, muy bien. Siempre supo aprovechar las cámaras que le enfocaban (más que a ningún otro surfista de la época). Y entre ellas estaba ni más ni menos que la de John Milius, quien le daría un papel secundario pero definitorio en su obra maestra El gran miércoles, además de disfrazarlo de cimmerio en Conan el bárbaro. Gerry imprimió a su imagen pública las cualidades que tenía en la ola: prestancia, suavidad, armonía. A diferencia de tantos balas perdidas de su generación, Gerry ha tenido un matrimonio feliz, ha practicado otros deportes, se ha mantenido lejos de la farlopa. Y hoy es un respetable surfista de edad indeterminada.

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Gerry en el papel de Subotai, el amigo de Conan

Pero todo esto tampoco sería de por sí suficiente para convertirlo en leyenda. Hay más. Para empezar, Gerry fue el primer gran surfista en popularizar el yoga como complemento perfecto al surfing. Gerry ha seguido practicando yoga toda su vida, así que cuando veáis una foto suya con casi 70 tacos y os preguntéis cómo lo hace para parecer eternamente joven, ahí tenéis una pista.

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Surfeando como Dios con más de 65 tacos. Ahí lo tienes.

Gerry fue también el primer surfista de primera categoría en surfear Uluwatu y popularizar Bali como destino surfístico. Era 1974 y Gerry visitó Indo con Rory Russell, otra leyenda del surf y del shaping. Solo hay que ver las filmaciones de aquella época para comprobar que se encontraron con el sueño húmedo de quien monta una tabla: un territorio casi virgen, olas perfectas y solitarias y todo el tiempo del mundo. Lo que vendría después ya lo sabemos todos. Pero aquellas dos semanas, Gerry bailó en Indonesia casi en solitario, y antes que nadie.

Oh, y luego está Lightning Bolt.

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El ABC de cómo crear “la” marca. Gerry y amigos, años 70.

Las tablas cortas llevaban un tiempo ya dando vueltas en 1970 (desde aquella mítica final del Campeonato del Mundo de 1966 con Nat Young y su Total Involvement Surfing) cuando Gerry Lopez y Jack Shipley, encargado de Surf Line Hawaii, decidieron comenzar a trabajar en serio en la fabricación de tablas. Pronto las Lightning Bolt y su clásico logo del rayo comenzaron a inundar las playas, en parte gracias a una agresiva e innovadora estrategia de márketing: regalar las tablas a los mejores surfistas, asegurándose así su aparición en películas y revistas. Las Lightning Bolt comenzaron a fabricarse en un régimen casi de cooperativa, y algunos de los shapers más legendarios de la época pasaron por los numerosos garajes y chamizos en los que se creaban.

El resultado es un logo mítico, que aún hoy en día sigue inigualado, y su estrecha asociación con el hombre-mito que lo creó. Gerry Lopez es leyenda.

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Da Man. Foto: Art Brewer

MAHARISHI

El corazón tiene razones que la razón no entiende. Así de simple. Solo así se explica mi obsesión por este tipo, escurridizo y rebelde por naturaleza. Porque, dicta la razón, mi pasión por el surfing setentero debería verse colmada por la gracilidad de pantera de Larry Bertlemann; por la velocidad y elegancia de Terry Fitzgerald, por el nervio y la garra de Shaun Tomson. Pero no. El corazón va más a la izquierda y busca siempre el filo, lo radical, lo excéntrico. Y allí se encuentra con el Maharishi.