Surf y mitos: el ñordo perpetuo

Cómo nos gusta, a los surfistas, mitificar. Pero todo, oiga. No hemos salido del agua y ya estamos mitificando una sesión mediocre, pero qué olaza la penúltima, parecía de dos cuerpos. Y cuanto más hacia atrás viajamos en la memoria, más glorificado el recuerdo. Así, parecería que aprendimos con una puerta de madera vieja, porque en aquella época conseguir una tabla no era tan fácil como ahora, y que tuvimos que recorrer media Catalunya, porque en aquella época no había apps, tenías que ir y mirar, y que nos metimos un día de una mar tremenda, porque en aquella época…

El surf nace del mito. Se alimenta de él. Coge una realidad más o menos mediocre (depende) la mastica y caga un ñordo mítico que todos los surfistas devoramos con fruición. Como el pobre rey surfero que perdió dos dedos por un tiburón y de ahí nació el shaka; como la ola de 12 metros que luego eran 19 (y luego aún más) de Greg Noll en Makaha en 1969. Como Miki Jesucristo Dora, que convirtió el arte de ser un capullo en una suerte de religión retro-vintage para fieles del longboard viejuno, con una liturgia en la que no falta ni la crucifixión del ídolo.

Miki Dora crucifix
Perdónalos, padre, que sé muy bien lo que me hago… Foto: Darrin

Porque, en realidad, el surf es idolatría en estado puro. Y yo no escapo a ella. Mi adoración por las tables, el surfing y algunos surfers de los años 70 se inscribe de pleno en la mitología más perversa. Y, además, es paradójica: aborrezco el surf de competición, pero tiendo a “olvidar” o “perdonar” que fueron mis venerados Larry Bertlemann, Terry Fitzgerald, Shaun Tomson y Mark Richards los primeros surfistas realmente profesionales de la historia. ¡Joder, si a Larry lo patrocinaba Pepsi! Sé las palabras que usaría si hoy en día TJ Barron o Gabriel Medina aceptaran un contrato de patrocinio de Pepsi, y creedme, no serían bonitas.

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Pegatinas, o cómo arruinar una bonita tabla ya desde los 70.

En realidad, me parece que el surfing hoy en día está atrapado entre dos corrientes antagónicas: una idealiza un pasado que nunca existió, en el que todo era prístino y puro y espiritual, y del que hemos eliminado los problemas con el alcohol de Butch Van Artsdalen, las entradas y salidas en la trena de Bertlemann y Hynson, los delirios cristianos de Margo Oberg o cómo le gustaban los psicotrópicos a Andy Irons. En esta fantasía de Mikidoras enseñando el ojete a los jueces de un concurso, de música soul y tablas con volumen no se menciona el sistemático racismo y sexismo con el que lidiaban algunos de los mejores talentos de la época, ni la violencia constante en las playas o el localismo feroz.

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Margo lo ganó todo con ayudita de Dios

Y luego está la otra corriente, la que venera lo que aún no existe pero existirá, la que se queja porque no puede ver las pruebas de WSL en directo si no es a través de Facebook; la que quiere tablas cada vez más raras y piscinas de olas, la que prefiere el chafardeo superficial y la lectura del ¡Hola! del mundo surfístico al mito viejo y con olor a naftalina. Esta otra corriente ama u odia, tanto da, a Medina, que tipo más guarro compitiendo, se atreve a hacer lo que hacen desde siempre los yanquis; y ama u odia al pelado Slater, qué cabrón, solo piensa en el dinero, no como todos los demás.

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La fantasía, obviamente húmeda, de muchos, para amarlas u odiarlas. Foto: Kelly Slater/Instagram

¿Sabes qué? Que he decidido pasar un huevo de las dos. Que estoy harto de estar limitado por mi propia miopía a un solo tipo de surf, yo, que criticaba justamente eso del surf de competición. Es más: estoy hasta los mismísimos de (pre)ocuparme tanto de peña que ni he visto ni voy a ver en la puta vida. Que el surf me parece que no es eso. Que el surf solo es pillar unas olitas, preferiblemente con amigos, y luego si hay tiempo comerte un buen bocata de queso como hacemos de vez en cuando Teo y yo, o, si la hora da, unos pintxos y un zurito de esos enormes que ponen en el toki de mi playa favorita en Euskadi. Y ya. No hay mucho más. Pues eso.

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Mi amigo Teo conoce el secreto.

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taodelsurfing

Traductor. Surfista cuando puedo. Loco por el cine, la ciencia ficción, las ballenas, las tablas setenteras, el Rock'n'Roll y el curry (no por ese orden).

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