¡TÚ, FILÓSOFO, CABRÓN! (Un libelo)

Como ansío popularidad y que me lean miles, qué digo, millones, he escogido el tema que más puede acercar este blog a las masas. Sí, voy a hablar de filósofos. Concretamente de uno, y no (necesariamente) en su condición de filósofo, sino por su condición de hijo de la grandísima puta. Y no, no forma parte del Gobierno de la nación, así que si eres pepero o rata fascista, ya puedes dejar de leer. El insulto no va hacia quien crees.

IDIOTAS Y MALNACIDOS

La palabra “idiota” procede del griego ιδιωτης (idiotes), que significa “propio”, “referente a sí mismo”. En la antigua Grecia era como se denominaba, despectivamente, a aquellos ciudadanos que escogían no tomar parte en los asuntos de gestión comunitaria de la polis, es decir, en la política. El idiota era el que solo pensaba en sí mismo, el que se anteponía a la comunidad, a la polis.

Dicho esto, podría acabar aquí esta entrada; estamos rodeados de idiotas. Pero quiero explayarme un poco.

Gun Crazy: tienes que mirar esta película

No es ningún secreto mi amor por el cine. Junto con los libros y el rock and roll, ha sido uno de los tres pilares de mi cordura. Años atrás (tantos que paso de poner fechas) ejercí de crítico cinematográfico y de entrevistador y cronista en festivales del medio. Ahora leo esas críticas y me sonrojo, por lo poquísimo que sabía de asuntos técnicos como movimientos de cámara, iluminación, puesta en escena, vestuario y demás maravillas que conforman el Séptimo Arte.

OK, Boomer

La respuesta alcanzó a mi colega, llamémoslo Héctor, como una patada en la espinilla con calzado de protección industrial. Héctor tiene tres o cuatro años menos que yo. Es un orgulloso miembro de la Generación X. De boomer, nada. Es más: si alguien se ha pasado la vida criticando a la generación baby boomer es justamente él.

GLORIA

Nunca deja de sorprenderme que tantos y tantos temporales que me han deparado horas de intensa felicidad con buenas olas y amigos también hayan deparado tanta tristeza, miseria y dolor no muy lejos de donde yo estaba. Este es el caso de Gloria, el último episodio que ha azotado la costa mediterránea, y que al final ha sido un poco más apocalíptico de lo que yo mismo pensaba. (Foto: Francesc Montoro)

I’M BACK, BITCHES

El Chico de la Tabla Amarilla ha vuelto hoy al mar, tras nueve largos meses en dique seco. Ha vuelto con cierto temor – tampoco miedo: quizás respeto – no tanto al mar, que estaba revuelto y feote, pero tampoco excesivamente grande, como a las sensaciones de su tobillo, convaleciente aún de su fractura.

La llama (microrrelato)


Sucede a veces que te dejas, te olvidas de ti mismo y te asilvestras. Sucede cuando pasas demasiados días en casa, escribiendo o traduciendo o (peor aún) alternando ambas actividades hasta que no sabes ya qué es encargo y qué, producto de tu imaginación. A veces, incluso, acabas un trabajo ignorando cuánto tiempo llevas sin salir del estudio. ¿Qué día es hoy? ¿Jueves? ¿Viernes? ¿A qué hueles?