GERRY LOPEZ: LA LEYENDA

Aunque en este blog soy bastante dado a mitificar a gañanes problemáticos y chungos, como el amigo Mike Hynson, hoy quiero hablar de un tipo que es sinónimo de leyenda y que muchos, incluso, siguen considerando como el mejor surfista de todos los tiempos. No sé si se puede establecer un ranking de surfistas (tiendo a pensar que a los niveles en que se mueven estos tipos es más bien imposible) pero si lo hubiera, Gerry Lopez sería un buen candidato a lo más alto de ese podio.

«Tú dale, que seguro que ella no la coge»

Soy un hombre, blanco, heterosexual. He nacido inmerso en privilegios. Así las cosas, a la hora de hablar de machismo en el surf, sería muy fácil caer en el mansplaining, algo que detestaría. Prefiero que hablen ellas. Aquí cinco surfistas nos hablan de sus experiencias con el sexismo en el mundo del surf, en el agua y fuera de ella. Por razones de espacio, he excluido a mucha gente: sería fácil publicar un post como este con el skate, con el snowboard o con virtualmente cualquier deporte. También me he ceñido a surfistas del Mediterráneo, que es el ámbito en el que se mueve este blog cuando no se dedica ni a mitificar los 70 ni a poner a parir la WSL. Dicho esto, lo importante viene a continuación.

SURFISTAS, SOCORRISTAS Y BAÑISTAS

Se acerca ya el verano. La temporada “buena” de surf ha llegado a su fin. Sin ir más lejos, la mejor olita que he pillado hoy apenas me llegaba a la cintura. Pero, por suerte y por desgracia a la vez, incluso en verano habrá días con olitas, y con ellos llegará el debate de siempre. Que si los socorristas no nos dejan, que si los bañistas se quejan, que si nos invaden. Porque ese es el sentimiento de los surfistas mediterráneos en verano: que nos invaden. Invaden nuestro campo de juego.

Analicemos un poco esta sensación, porque creo que se puede sacar bastante de ella.

SINGLEFINEANDO (1)

Surfeé mis primeros 7 años con tablas de tres quillas, siempre dentro del rango medio/corto. El día, hace 6 años, que probé por primera vez una singlefin, mi visión del surf cambió por completo. Desde entonces me he vendido todas las tablas de tres quillas y mi quiver se limita a dos tablas singlefin: una round pintail 6,8 para los días tochos y una stinger de 6,5 para todos los demás.

A lo largo de todo este tiempo me han hecho montones de preguntas en el agua o en los parkings, y todo Dios ha venido a aportar su pequeño granito de sabiduría, casi siempre con la mejor intención, y casi siempre en contradicción con lo que yo experimentaba en el agua. Al final he sido capaz de elaborar un pequeño catálogo de mitos y realidades del surf en tablas cortas singlefin. La mayoría de afirmaciones que dejo bajo el epígrafe “REALIDAD” las he comprobado por mí mismo. Puedo equivocarme, evidentemente, pero esto es lo que he vivido.

El valor de la danza

Llevo más de una década aprendiendo a surfear. Mi progreso ha sido lento: los primeros dos o tres años la curva de aprendizaje fue rápida, y a partir de ahí he progresado de un modo mucho más difícil. En primer lugar, comencé muy tarde, como era habitual en el Mediterráneo, y no precisamente desde un background deportivo: lo que me llevó al surf fue el skateboard, en el que tampoco destaqué; aparte de esto, actividades como correr, nadar, hacer estiramientos o calentar eran algo ajeno para mí.

MAHARISHI

El corazón tiene razones que la razón no entiende. Así de simple. Solo así se explica mi obsesión por este tipo, escurridizo y rebelde por naturaleza. Porque, dicta la razón, mi pasión por el surfing setentero debería verse colmada por la gracilidad de pantera de Larry Bertlemann; por la velocidad y elegancia de Terry Fitzgerald, por el nervio y la garra de Shaun Tomson. Pero no. El corazón va más a la izquierda y busca siempre el filo, lo radical, lo excéntrico. Y allí se encuentra con el Maharishi.