
No sé si alguien leerá esta entrada. Francamente, no me importa. He aquí el cambio más importante que va a haber en mi escritura. Tal vez, también, el cambio más espiritual.
Se acabó escribir para vosotros.

No sé si alguien leerá esta entrada. Francamente, no me importa. He aquí el cambio más importante que va a haber en mi escritura. Tal vez, también, el cambio más espiritual.
Se acabó escribir para vosotros.

(Un intento de promover el abandono de las redes sociales… desde una red social).
CÓMO ESCAPO
* Elimino una cuenta de Instagram que era mi cuenta personal. Dejo activa la cuenta jawselektor, pero solo para contenido que tenga que ver con cultura, arte, música, pinchadas. La chequearé muy, muy poco: el objetivo es vivir lo más alejado posible de las RRSS.

Hace demasiado tiempo que no actualizo este blog. Esto va a cambiar, y por muchas razones. La principal es esta: abandono las redes sociales.
Vale, de acuerdo, este blog es, en sí, una red social, de modo que, stricto sensu, lo que he dicho es una contradicción. Pero vamos, ya me habéis entendido.
Como ansío popularidad y que me lean miles, qué digo, millones, he escogido el tema que más puede acercar este blog a las masas. Sí, voy a hablar de filósofos. Concretamente de uno, y no (necesariamente) en su condición de filósofo, sino por su condición de hijo de la grandísima puta. Y no, no forma parte del Gobierno de la nación, así que si eres pepero o rata fascista, ya puedes dejar de leer. El insulto no va hacia quien crees.