DIEZ LIBROS

La semana pasada di la turra con las ocho canciones que marcaron mi adolescencia. Un día haré uno con las canciones de mi vida adulta. Hoy toca hablar de libros. Los libros son el elemento definitorio de mi vida: me gano la vida con ellos. Soy traductor y periodista, y últimamente he regresado a la ficción. Si existe algún formato cultural que ha ejercido influencia en mi vida han sido los libros, más que las películas, series o música.

Mi amor por los libros viene de mi madre, también traductora y escritora; de mi padre, lector voraz y buen escritor, y de mi abuelo, escritor. Mi hábito de lectura ha sido siempre compulsivo y desordenado. Por eso leí antes de tiempo (y sin aprovechar) a algunos autores que ahora estoy redescubriendo. Pero mejor no adelantarme. Esta es la lista.

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01.- Julio Verne: La isla misteriosa

El último autor de mi infancia, y el más importante, fue Verne. No recuerdo que ninguna de sus novelas me impactara tan profundamente como La isla misteriosa. Trata de un grupo de personas que huyen de una ciudad sitiada por las tropas confederadas en un globo aerostático. Un huracán desvía el globo hasta que toma tierra en una isla en medio del océano. Allí tienen que sobrevivir y prosperar mientras una presencia misteriosa los observa e interfiere puntualmente con sus vidas.

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Herbert Lom como Nemo en la adaptación cinematográfica de 1961

En parte esta novela alimentó muchas de mis obsesiones: ¿podría sobrevivir en un entorno hostil solo con mis conocimientos? ¿Qué tipo de organización se establecería entre náufragos o supervivientes? ¿Es posible no solo apartarse de la sociedad sino, dado el caso, declararle la guerra? Cuando la leí por primera vez yo no sabía de las simpatías anarquistas de Verne, ni que esa idea tan hermosa de libertad, igualdad y fraternidad era el discurso del magnífico y heroico Capitán Nemo. Décadas después me doy cuenta de quién inoculó el virus de la rebeldía en mi pequeño cerebro en formación. Merci beaucoup, Monsieur Verne.

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02.- Ray Bradbury: El vino del estío

Ray Bradbury ha sido un autor que me ha acompañado toda mi vida. Mientras confeccionaba la lista de estos diez libros no me decidía entre sus obras, porque todas me han marcado de un modo u otro: Crónicas marcianas, Fahrenheit 451, El país de octubre, Remedio para melancólicos… Sin embargo, es esta novela (en realidad, historias cortas unidas por el hilo conductor de los protagonistas) la que me deja extasiado.

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La novela narra el verano de Douglas Spalding, un niño de doce años, y de su hermano Tom, de diez. No hay en ella nada especialmente llamativo o inusual: trata de cómo la infancia es el momento de la vida en que la frontera entre la realidad y la magia es tenue y borrosa, y podemos encontrar lo maravilloso en todo lo que nos rodea. Aún hoy en día se me hace difícil hablar de ella sin sentir un nudo en el estómago. Es una absoluta maravilla.

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03.- J. D. Salinger – El guardián en el centeno

Es un clásico y tenía que estar aquí. También he dudado: algunos cuentos cortos de Salinger me han impactado tanto o quizás más que esta novela. Un día perfecto para el pez banana sigue siendo, a mi entender, el cuento más perfectamente construido de la historia, si excluimos Para Esmé, con amor y sordidez y El tío Wiggily en Connecticut, su obra maestra. Pero siendo auténticas joyas, carecen del valor iniciático y de coming-of-age de este título.

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La historia trata de Holden Caulfield, un estudiante de secundaria de un internado, que se encuentra en un momento crítico de su despertar a la madurez. Una y otra vez decepcionado por sus semejantes y disgustado por la hipocresía de los adultos, huye a Nueva York y comienza una semana de vagabundeo por la ciudad mientras decide qué hacer con su vida. Conforme personajes de todo tipo aparecen y desaparecen, lo único que evita la caída de Holden por el precipicio es la veneración por su hermana pequeña, Phoebe… y la inquebrantable fe de Phoebe en él.

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04.- Henri Alain-Fournier: El gran Meaulnes

La primera vez que leí esta novela fue en mi adolescencia, en una edición argentina traducida magistralmente por la autora de mis días. Es la historia que hubiera deseado escribir. No solo por el tema (la madurez y la aceptación de las responsabilidades de la vida adulta, en contrapartida a la magia y la inocencia de la infancia) sino por su perfección formal, la magistral manera de mezclar realidad y fantasía, lo mágico y lo cotidiano, lo individual y lo social.

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Nicolas Duvauchelle y Jean-Baptiste Maunier en la versión cinematográfica de 2006

La novela narra la llegada de Agustin Meaulnes, un alumno de 15 años, al colegio rural de Santa Águeda y su amistad con François Sorel, hijo del director. Un día Meaulnes toma un carromato y parte a recoger a la madre de Agustin… pero llega a una extraña mansión en medio del bosque en la que se celebra una fiesta de disfraces en honor de Frantz de Galais, el hijo menor de la familia. Meaulnes conoce a Frantz y a su hermana Yvonne, la mujer más hermosa que jamás haya existido, y lo que sucede en la fiesta marcará el resto de sus vidas.

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05.- R. L. Stevenson: La isla del tesoro

Esta es la novela que más veces he leído, y nunca deja de sorprenderme. Stevenson arriesgó todo con esta historia en la que dota de una dimensión trágica, legendaria y oscura a la piratería de la Edad de Oro. Lo que me sigue fascinando de esta historia es comprobar los sutiles pero efectivos mecanismos con los que Stevenson convierte a sus personajes en seres de carne y hueso y, a la vez, en elementos míticos.

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La novela es increíble porque es la primera, que yo recuerde, en la que el narrador no es el protagonista; en la que el bueno tampoco es el protagonista; en la que el protagonista es el villano, y en la que el villano se sale con la suya. También es la primera en la que un personaje clave de la historia (cuya sombra se extiende sobre todos los demás) no tiene aparición física. Y aunque el autor presenta a los piratas como seres aborrecibles, violentos y alcohólicos, acabas el libro deseando unirte a alguna tripulación y partir en busca de galeones a los que abordar.

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06.- Arthur Conan Doyle: Estudio en escarlata

Bueno, podría haber sido cualquiera de las 56 historias canónicas de Sherlock Holmes. Quizás he puesto Estudio… porque fue la primera (las leí en orden cronológico) o porque de las cuatro novelas hay dos (El sabueso de los Baskerville y El valle del terror) que me parecen inferiores a la media en las historias del detective de la calle Baker, número 221B.

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Benedict Cumberbatch y Martin Freeman: la perfección holmesiana

Sherlock Holmes me fascinó desde un primer momento por la riqueza de escenarios y por sumergirme en una sociedad, la victoriana, en la que convivían en tensión los peores vicios de la historia británica y el advenimiento de un progreso tecnológico y social que tenía a los coetáneos desconcertados. Siempre me maravilló que tanto Holmes como Watson fueran a la vez políticamente conservadores pero sintieran simpatía por los anarquistas; que tuvieran todos los rasgos misóginos y racistas de la época pero, a la vez, una fe absoluta en la ciencia y el progreso; que creyeran firmemente en su sociedad pero se tomaran más de una vez la justicia por su mano…

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07.- Marguerite Duras: El amante de la China del Norte

Hay algunos autores que leo con reverencia. Autores que desde el primer momento me parecen la quintaesencia de la literatura. Que, además de conmoverme, atraparme, envolverme en sus mundos, lo hacen con tal maestría que no puedo sino sorprenderme ante lo pulcro, límpido y claro de su estilo. Marguerite Duras es una de ellos.

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Jane March en la versión cinematográfica de 1992

Cuando lees a Duras, ella te lee. Es como si se sentara a tu lado y te explicara una historia. Es como si te señalara: “¿ves? Podría dedicar diez párrafos a explicarte esto, pero mira qué hermoso queda en estas diez líneas. Mira qué clase. Mira qué estilo.” Y tú no puedes apartar la mirada. El camino que ha seguido la literatura en Occidente es el de la sencillez. La evolución estilística tiene que ver con la claridad expositiva. Lo mejor que le ha podido pasar a la literatura es abandonar las oraciones yuxtapuestas y subordinadas. Y con ellas, en el mismo cajón, el ego del escritor. Esta novela (la historia de una francesa de quince años que conoce a un hombre chino de edad mediana en medio de la decadencia colonial francesa en Indochina) es una obra maestra.

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08.- Albert Camus: La Peste

Esta novela cambió definitivamente mi modo de ver el mundo. Tras leerla, la conmoción fue tan grande que me replanteé muchas de mis creencias y actitudes previas. Gran parte de lo que soy hoy, políticamente, filosóficamente, se debe a Camus.

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Hay que leer a Camus. Todo. Pero si vas a leer La peste, empieza antes por El extranjero. Y si vas a leer El extranjero, asegúrate de leer posteriormente La peste. Luego puedes leer todo lo demás. Hasta la lista de la compra, si está escrita por Camus, hay que leerla. El hombre rebelde. El mito de Sísifo. Cartas al amigo alemán. Los escritos (indispensables, brutalmente honestos) para Avant!, Combat y Solidaridad obrera. Y su obra maestra inacabada, El primer hombre. Todo.

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09.- William Faulkner: Mientras agonizo

Shock total. La locura. El arrebato. No hay palabras para expresar lo que me hizo sentir Faulkner con esta novela. No hay suficientes adjetivos para Faulkner, en general. De las obras suyas que he leído, Mientras agonizo me ha cautivado con más fuerza que ninguna otra. No tanto por la historia (la muerte y traslado de Addie Bundren a su pueblo natal por parte de su familia) como porque Faulkner no nos ahorra ni un solo sórdido detalle de esta tragicómica comitiva de blancos pobres, pero lo hace con una compasión y un amor extraordinario hacia ellos.

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Fotograma de la adaptación de James Franco (2013)

Ah, y el estilo. Prescindir de los capítulos. La pluralidad de puntos de vista. La pluralidad de formas de narrar. La magia que aparece cada vez que Vardaman, el niño (posiblemente autista) de la familia toma la palabra. La dimensión profética y mítica adherida a lo más bajo en la escala social y económica del profundo Sur. No sabría seguir. Si por algún cataclismo absurdo la literatura estadounidense hubiera dejado de existir tras esta novela, aun así habría valido la pena, solo por llegar a ella.

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10.- Franz Kafka: Carta a su padre

No es una novela. No es un cuento. Tampoco, para qué engañarnos, es un carta. Es un ajuste de cuentas. Tampoco cabe llevarse a engaño por el título: el ajuste de cuentas no es con su padre, sino consigo mismo. La Carta a su padre de Kafka es un documento desgarrador en su dolor, su crudeza, su sinceridad. Es una radiografía de la dinámica de poder de una familia disfuncional, con un padre despótico y un hijo bovinamente sumiso; una madre cercenada en sus aspiraciones y unas hermanas desaparecidas debido al machismo de la época.

También fue una bofetada en mi cara. Todo Kafka lo fue. Pero la Carta… me llegó especialmente dentro. Veréis, todo Kafka se puede resumir de la siguiente manera: un personaje enfrentado a un poder omnímodo ante el cual es imposible triunfar. En Kafka nunca hay salida, porque Kafka, pese a lo fantástico de su planteamiento, es el realista definitivo. No hay milagros. No hay Deus ex Machina. Hay lo que hay.

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En la Carta a su padre, sin embargo, en poder absoluto se revela en su esencia misma: está en su propia mente. Son las inhibiciones, la cobardía, la mente boicoteando a su dueño. El poder exterior es tal en tanto le permitimos que lo sea.

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Un cierto extra – Françoise Sagan: Bonjour, Tristesse

A veces comienzas a leer y a la segunda página sabes que estás ante algo mayúsculo. Este fue el caso con Bonjour, Tristesse, que leí en una hermosa edición de tapa blanda de Penguin, con la también maravillosa Un certain sourire incluida. Esta novela, la historia de la joven Cécile y su rechazo hedonista a todo resquicio de responsabilidad, hasta su consecuencia inevitable, es embriagadora. Con un estilo diabólico, en el que se sugiere mucho más que lo que se muestra; unos personajes tan atractivos como condenables (o dignos de compasión) y una historia de esas en las que todo lo que ocurre no es sino un movimiento subterráneo, corrientes bajo una superficie en calma, es una de las novelas que más me ha impactado en los últimos años.

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Jean Seberg y Myléne Demongeot en la película de 1958

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taodelsurfing

Traductor. Surfista cuando puedo. Loco por el cine, la ciencia ficción, las ballenas, las tablas setenteras, el Rock'n'Roll y el curry (no por ese orden).

One thought on “DIEZ LIBROS”

  1. Buenísima nota, Juano, y no puedo menos que coincidir contigo en casi todas sus partes. Gracias por tu comentario sobre mi traducción de Meaulnes. Tú sigue, sigue escribiendo, el blog, los cuentos, lo que sea, incluso, como dices tú mismo, la lista de la compra. Y que el mundo, si no le interesa leer, se vaya a la mierda. Muchos besos, eres un hijo fantástico.

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