Noche de Carnavales

Se llama Juanjo. Eso que quede por delante. Se llama Juanjo, no es un número de la Seguridad Social, no es una estadística. Se llama Juanjo y me lo encuentro al atardecer mientras paseo a Nano.

Nano olisquea alguna meada de otro can y mientras espero lo veo allá de pie, en la calle, desorientado. Viste un gabán oscuro que claramente no abriga lo suficiente, unos pantalones oscuros y unos zapatos. Un pequeño bolso de deporte en el que sin duda guarda todas sus posesiones. Tiene entre 35 y 40 años, es más joven que yo, pero en la cara se le ve la dureza de la vida. En su muñeca la tira del Hospital. Le acaban de dar el alta.

– ¿Qué día es hoy?

– Euhh… 9, creo.

– ¿De qué mes?

– De febrero.

– ¿Y a qué día estamos?

– A viernes, creo.

– No tengo a dónde ir.

– Oye, ¿por qué no vas al Ayuntamiento? Seguro que te tienen que decir dónde hay una cama.

– ¿Me acompañas?

– Voy más o menos de camino, te acompaño hasta donde pueda.

Comenzamos a caminar, el extraño terceto, él, y yo, y Nano, que se extraña de que no vamos por La Ruta De Siempre. De vez en cuando se agacha para recoger una colilla, y me pide perdón:

– Me voy a fumar esto a ver si entro en calor.

– Tranqui, no hay problema.

De vez en cuando me pregunta a dónde vamos.

– Al Ayuntamiento.

– ¿Me acompañas?

– Sí, oye, ¿y el Hospital?

-Allá ya me han dicho que no puedo estar. ¿A dónde vamos?

Llevamos unas calles caminadas y me doy cuenta de que no sé su nombre, así que se lo pregunto.

– Me llamo Juanjo. Juan José Sáenz García.

Me dice, y lo hace con un aplomo sorprendente, con orgullo. Aún no le han quitado su nombre. Todo lo demás, sí, pero su nombre no. ¿Hace cuánto que nadie te preguntaba tu nombre, Juanjo?

En un momento dado se detiene. Está con convulsiones por causa del frío.

– ¿Qué me pasa?

Y se me ocurren tantas cosas que responder de golpe que elijo la menos rebuscada:

– Joder, que tienes frío, Juanjo.

– Necesito algo caliente, una manzanilla o algo.

Y le doy lo que llevo encima, 5 euros, y lo llevo hasta la puerta de un bar y le digo que se pida un té y algo de comer, y que no salga hasta entrar en calor, y que luego siga hasta la plaza con la estatua grande que es donde está el Ayuntamiento.

Y cuando nos separamos se me parte todo, me avergüenza no hacer más, me llena de rabia que el hospital lo haya dejado ir así, una noche gélida de febrero, a él, que no sabe ni dónde ni cuándo vive; me lleno de rabia contra los gobiernos de todo pelaje que gastan millones en banderitas y procesos y cientocincuentaycincos pero dejan a Juanjo, a tantos miles de Juanjos, en la calle, ateridos de frío, para que mueran como perros.

Su nombre es Juanjo. Juanjo. Recordadlo por si sale en las noticias que un hombre joven, en la plenitud de sus años, ha muerto esta noche, congelado, en Vilanova i la Geltrú.

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La compañera Sara me hace llegar informacón que creo importante al hilo de esta entrada:

Si os encontráis con personas en esta situación, llamad al 112 y preguntad por emergencias sociales. Si se ponen tontos, poneos bordes, pero tienen que atenderle desde el CUESB de Barcelona. Si lo veis con deterioro cognitivo o con signos de enfermedad mental, casi mejor: que se lo lleven a Sant Boi que allí estará bien atendido, alimentado y tratado. A malas, la urbana de la población tiene que buscarle un albergue o una pensión.

Creo que es bueno saberlo.

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taodelsurfing

Traductor. Surfista cuando puedo. Loco por el cine, la ciencia ficción, las ballenas, las tablas setenteras, el Rock'n'Roll y el curry (no por ese orden).

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